«No quiero hacer este video»
A principios de 1992, Michael era la figura más famosa de la industria musical. Su octavo álbum, Dangerous, acababa de salir al mercado con una recepción sin precedentes, luego de décadas de carrera. Los medios ya llevaban años construyendo alrededor de él una narrativa de hombre asexuado, excéntrico y ajeno a todos los placeres comunes del cuerpo. Precisamente por eso, el lanzamiento del tercer single del álbum se convirtió en algo más que una simple decisión discográfica.

Según diversas fuentes cercanas al rey, Mike no habría tenido ningún interés en grabar el videoclip. El contenido de la canción —una historia de deseo secreto, de amantes que deben ocultar su relación al mundo— le resultaba demasiado expuesto, demasiado íntimo como para visualizarlo en imágenes. En una grabación que circuló años después, el propio Jackson reflexionaba sobre su relación con la sexualidad explícita en la música: «Me atacan en la prensa como si fuera un bicho raro porque no me gusta cantar sobre sexo». Esa resistencia era real. Pero también lo era la presión mediática.
Finalmente, Jackson cedió —no sin tensión— impulsado por algo que le importaba quizás tanto como su privacidad: su reputación como hombre heterosexual en un contexto mediático que no dejaba de cuestionarla. El video iba a ser, entre otras cosas, una declaración.
Madonna, una princesa y una «Mystery Girl»
La historia de In the Closet empieza antes de que Naomi Campbell pisara el desierto. Empieza con Madonna.
La canción fue concebida originalmente como un dueto entre Jackson y la reina del pop. Los dos eran, en aquel momento, los artistas más influyentes, y una colaboración entre ellos habría sido un evento cultural de proporciones planetarias.
Madonna llegó a trabajar en ideas para la letra, pero cuando se las presentó a Jackson, él las rechazó por considerarlas demasiado provocadoras, demasiado explícitas para su gusto, incluso para una canción que ya de por sí caminaba por el filo de la insinuación. Finalmente el proyecto conjunto se disolvió antes de tomar forma.

En su lugar, Jackson optó por incorporar las voces femeninas de una artista que, durante meses, solo fue identificada solo como «Mystery Girl», en los créditos del álbum. El misterio estuvo muy bien trabajado, y comenzó a generar especulación. ¿Quién era esa voz? La respuesta, cuando llegó, sorprendió a todos: la Princesa Stéphanie de Mónaco, hija del Príncipe Rainiero y de la actriz Grace Kelly, quien en 1991 había lanzado un álbum solista con cierta repercusión comercial. Su presencia en un disco de Michael fue, como mínimo, inesperada.
Ahora, Stéphanie tampoco aparece en el video. Sus vocales fueron regrabadas por Naomi Campbell, quien sí tendría protagonismo ante la la cámara. La «Mystery Girl» quedó así en el terreno de la curiosidad discográfica, un secreto bien guardado que añadía otra capa de ambigüedad a una canción construida, precisamente, sobre secretos.
Herb Ritts y el desierto de California
Para dirigir el video, Jackson eligió a Herb Ritts, uno de los fotógrafos y directores más reputados de su generación, conocido por su dominio del blanco y negro y por su capacidad para capturar la sensualidad sin recurrir a la vulgaridad. Ritts ya había trabajado con Madonna, con Versace y con las grandes portadas de las revistas de moda de los ochenta y noventa. Su mirada era la de alguien que entendía los cuerpos como esculturas y la luz como un instrumento narrativo.
El rodaje tuvo lugar a finales de febrero y principios de marzo de 1992, en un paraje árido al noroeste de Bombay Beach, una pequeña localidad a orillas del Mar de Salton, en el desierto de Colorado, en California. El paisaje elegido era casi lunar: tierra seca, estructuras abandonadas, luz brutal que Ritts convirtió en una paleta de tonos dorados y ocres. La decisión de filmar en sepia fue deliberada —un guiño al cine antiguo, a las fotografías de principios del siglo XX— y dotó al video de una atemporalidad que lo distancia de cualquier época concreta.
Naomi Campbell: tensión en el set

La elección de Naomi Campbell como protagonista femenina tenía todo el sentido desde el punto de vista estético: era, en aquel momento, una de las modelos más fotografiadas del mundo, y con una presencia física que pocos podían ignorar. Visualmente la pareja funcionaba. Lo que ocurrió detrás de cámara, en cambio, fue más complicado.
Según Karen Faye (maquilladora y amiga cercana de Jackson durante décadas), la dinámica en el set se tensó a medida que avanzaba el rodaje. Faye describió a Campbell como alguien que no mantuvo los límites profesionales esperados, haciendo «avances» hacia Jackson que lo incomodaron notablemente. Según este relato, él prefería a las mujeres que no lo presionaban, y que respetaban su espacio. La situación no llegó a más, pero dejó un rastro de incomodidad que quienes estuvieron presentes recordaron durante años.
Lo positivo es que ese malestar no se percibe en el video. En pantalla, Jackson y Campbell se mueven con una naturalidad que parece espontánea, una complicidad de miradas y gestos que Ritts supo capturar antes de que todo eso se disolviera.
El doble sentido de un título
In the Closet significa, en inglés coloquial, estar en el armario: la metáfora universal para referirse a alguien que oculta su homosexualidad. Elegir ese título para una canción de Michael Jackson —en 1992, en plena vorágine de especulaciones sobre su vida privada— no fue un acto inocente. O quizás sí lo fue, y en eso reside su mayor provocación.

La canción habla de dos amantes que guardan su relación en secreto, no porque su amor sea tabú por razones de orientación sexual, sino simplemente porque hay cosas que se quieren mantener privadas, lejos del escrutinio del mundo. Pero el título invitaba inevitablemente a una lectura diferente, y Jackson lo sabía. Fue una de esas raras ocasiones en que decidió jugar con la ambigüedad en lugar de huir de ella —y lo hizo de la manera más audaz posible: grabando nueve minutos de coreografía sensual en el desierto junto a Naomi Campbell, sin quitarle el ojo a la cámara ni un instante.
Prohibido, censurado, ineludible
Cuando el video se estrenó en MTV en abril de ese mismo año, la reacción fue inmediata. La cadena lo emitió con restricciones horarias por su contenido sensual, aunque según algunas fuentes una versión sin cortar con escenas adicionales —entre ellas, una secuencia de Campbell sobre una mesa que luego fue eliminada— circuló brevemente antes de ser retirada. En Sudáfrica, las autoridades directamente prohibieron su emisión por considerarlo inapropiado.
En el resto del mundo, funcionó exactamente como Jackson necesitaba que funcionara: fue inevitable. El single alcanzó el puesto número seis en el Billboard Hot 100 de Estados Unidos, llegó al número uno en las listas de R&B, y en Europa escaló hasta el número ocho en el Reino Unido, el número uno en Grecia y el número dos en Italia y España. La canción y su video no podían ignorarse.
Lo que quedó
In the Closet se aprecia hoy en día como uno de los temas que más habla sobre el hombre que la creó. Sobre sus miedos, sus contradicciones y sobre su manera de responder a la presión pública haciendo arte en lugar de dar ruedas de prensa.
En un video que supuestamente debía ser una declaración de heterosexualidad, lo que Herb Ritts filmó en el desierto californiano fue algo mucho más complejo: un hombre que baila entre la exposición y el secreto, entre lo que el mundo exige ver y lo que él está dispuesto a mostrar. Un hombre que, incluso cuando intenta ser transparente, sigue siendo, irremediablemente, un misterio.
© Artículo de divulgación cultural. Fuentes: IMDB, Rolling Stone, Songfacts, declaraciones públicas de Michael Jackson y Karen Faye.




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